Acabo de cumplir veintinueve años y estoy cuidando a una mujer que tiene sesenta años más que yo. Se llama Nuria, fue bailarina cuando tenía apenas veinte años, y ahora le cuesta andar. Se queja y dice que no tendríamos que llegar a viejxs. La memoria le falla. Recuerda perfectamente que hacía hace unos cuarenta años pero le cuesta recordar que ha hecho hace apenas una hora. Se sienta durante todo el día como esperando la parca, con una serenidad que asombra y me enseña. Hoy hemos salido a dar nuestro primer paseo. Una vez me explicaron que las primeras lecciones de la danza butoh consisten en ir de un punto a otro, alejados entre sí por apenas un metro, e intentar hacerlo en diez minutos. Hoy he tenido esa lección. El concepto de tiempo se ha desdibujado por completo. Haciéndome consciente de la prisa absurda que nos invade continuamente para llegar a ningún lugar. Voy a llenar de tópicos el relato cuando explique que la vida son esos detalles que normalmente se nos escapan, esa brisa a media tarde, esos árboles acariciados por el viento, y esa calma que aquí es tan peculiar. Nuria lee, desde que se levanta hasta que se va a dormir. Lo interrumpe tan solo cuando le digo que tiene la comida en la mesa. No es muy habladora, creo que lo que tubo que decir ya lo hizo hace unos cuantos años. Ahora espera, sin más. Sus hijos son mayores, sus nietos ya tienen casi veinte años y su marido murió hace dos. Llegó a su meta hace ya un tiempo y da la impresión que ahora está en una prorroga que no durará mucho. Entiendo que no le vea el sentido a esta vida. Ya hizo lo que le apetecía y su misión personal se acaba aquí. Parece que su tiempo de más sea, para que sus hijos puedan hacerse a la idea de su falta. Ella lee y yo la observo. Aprendo. Le hago fotos cuando ella mantiene sus ojos postrados el libro. No se da cuenta. Yo escribo, gracias a su silencio, como si fuera ella la que me concediera el placer de conocerme más profundamente. Gracias Nuria.
Un agosto diferente…
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Me ha enternecido tu escrito, me ha llenado de ternura y de admiración hacía tí, sé que tienes mucho en tú interior y además sabes plasmarlo utilizando eso tan maravilloso “LA PALABRA” a través de ella has conseguido llegar a mí corazón, sigue y piensa en todo momento (por si te sirve) que CREO EN TÍ.